A la edad de 19 años inicié mi vida laboral, dando clases en una academia de artes donde empecé como profesor de teclado y llegué en poco tiempo a ser el coordinador de profesores de música; a la par ya también daba clases en una secundaria, igual de música; me invitaban a tocar en eventos sociales amenizando comidas; después me llamaron de una iglesia para dirigir coros juveniles e infantiles, donde dilaté siete años y me hice de una gran cantidad de amigos.
Realmente la música me ha dado una serie de satisfacciones que no cambiaría por nada.
En 1999 di paso a la realización de uno de mis sueños, tener mi propio grupo; tocábamos ska, un género jamaiquino, que gozaba de mucha popularidad; dicho grupo se llamaba Colgado De La Brocha, tocamos en muchos lugares, grabamos un disco
Tuve la fortuna de conocer a mucha gente del medio rockero, debido a que de 1998 al 2003, me dediqué a organizar festivales de rock, reggae y ska; grupos como Maldita Vecindad, Panteón Rococó, Antidoping, Rastrillos, La Lupita, Santa Sabina, Salón Victoria; entre muchos otros, fueron participantes de los festivales que organizaba; cabe destacar que las ganancias de cada uno de estos conciertos, eran destinadas a instituciones de beneficencia; ayudando con ello a niños de la calle, jóvenes con discapacidad visual y fundaciones que apoyaban a grupos vulnerables. En esta etapa aprendí; no importa cuan lejos se vean las estrellas, siempre se podrán alcanzar.
En marzo de 2004, visité una pequeña escuela de Tae Kwon Do, la cual se encontraba cerca de mi casa; ahí tuve la oportunidad de iniciar un nuevo reto, un sueño que de chico quise alcanzar, pero mi accidente y la ceguera, me lo impidieron; soñaba con ser cinta negra en algún arte marcial. En ese momento se me presentaba la maravillosa oportunidad de entrenar Tae Kwon Do, una disciplina muy completa y con bastante futuro.
El primer reto era saber si un ciego podía entrenar; lo cual fue fácil porque yo tenía toda la disposición. Tan solo cinco días de entrenamiento, fueron suficientes, para presentar mi primer examen, gracias a mi buena memoria y agilidad corporal, el instructor me animó a hacer este examen; fue algo extraordinario, nunca había sentido tantas emociones; la gente fue lindísima conmigo y a través de sus aplausos reconocieron mi esfuerzo. Lo que agradezco en gran manera, porque en ese instante descubrí mi amor por el Tae Kwon Do.
El siguiente reto era saber si un ciego podía hacer combate; al no haber otro ciego con quien realizar los encuentros, tuve que enfrentarme a compañeros que si podían ver; sin embargo, el proceso fue un poco tardado, inicié haciendo simulaciones contra un escudo de pateo, guiado por unas llaves, que al agitarlas el entrenador, lograban ubicarme para saber en donde estaba el rival; desarrollé una serie de claves que al escucharlas me indicaban con que patada haría mi ataque; después descubrí que los contrincantes deberían usar cascabeles, y con el pivoteo inmediatamente sonarían.
Inicialmente se colocaban en la parte inferior del peto, pero se perdía mucho el sonido, entonces me decidí a solicitar que fuera un collar de cascabeles, lo que portaran mis contrincantes en el cuello; realmente con esta técnica he observado mejores resultados para ubicar bien a mi oponente.
Fue el domingo 15 de mayo de 2005, cuando se dio mi primera participación en un torneo de combate; una nueva página se escribiría; ostentaba el grado de cinta verde avanzada y me enfrentaría a un chico del mismo grado. Fue una pelea de exhibición, que dejó ver mis habilidades dentro del área de combate; el nerviosismo me invadía, no obstante, mis ganas de triunfar y demostrar que los ciegos sí podemos entrenar Tae Kwon Do y competir.
Después de aquella brillante demostración, tomé la suficiente confianza para continuar participando en competencias.
He viajado a diversas partes de la república mexicana, ganando primeros lugares en casi todas mis justas; además de contribuir con un mensaje de aliento, superación, entrega y sobre todo, de demostrar que los sueños se pueden volver realidad, no importa que tan distantes se perciban, lo único es querer realmente alcanzarlos.
Nunca imaginé, que el deporte me daría tantas satisfacciones, que podría ver cristalizados muchos de mis sueños y que tendría el privilegio de compartir con miles y miles de personas mi vida; y cada una de las bendiciones que Dios ha puesto en mi andar. Gracias Dios mío por todas tus maravillas y por siempre tenerme entre tus brazos.
En marzo de 2007, obtuve mi certificado de cinta negra y a su vez quedé inscrito en el registro nacional de cintas negras; listado en donde únicamente se encuentran los cintas negras reconocidos y afiliados por la Federación Mexicana de Tae Kwon Do.
En los meses de enero y febrero de 2007, inauguré dos escuelas de Tae Kwon Do, una en Ciudad Nezahualcóyotl y la otra en Chimalhuacán, en el Estado de México; cerramos el año con un ambiente espectacular entre nuestros alumnos, debido a que hacemos de la motivación una de nuestras mejores herramientas de trabajo; no solo nos interesa, el ganar torneos o graduar cintas negras, otra misión es contribuir a la formación de auténticos campeones de la vida; el valor, la inteligencia, el respeto y la humildad, son nuestras metas a lograr día a día; tratamos de enseñarles que la felicidad está a la mano de cualquiera y en cada cosa que hagamos, tengo la certeza que cada año será mejor, porque todo lo que hacemos, lo hacemos poniendo Mente Y Corazón.
Uno de los sueños más grandes que pude realizar durante el 2007; fue el ganar medalla de oro en el Sexto Abierto Internacional Championship, de Buenos Aires, Argentina; un acontecimiento histórico igual que el resultado; ya que nunca en la historia mundial del Tae Kwon Do, se había dado la participación de un atleta ciego, y menos que este compitiera en una categoría convencional. Dicha noticia sonó en todo el mundo y ello nos ayudó a poner el nombre de México muy en alto.
La misma hazaña pude repetirla, pero ahora en el viejo continente, tomando parte en el Sexto Open internacional de España 2008, realizado en Alicante. En donde pude darle a México una medalla de oro en combate.
Estos resultados no hubieran sido posibles, sin el apoyo de mi familia, amigos y algunas empresas que contribuyeron para dar un gran paso. Mil gracias a todos por su gran calidad humana y colaboración.
Quiero que sepan; sólo no abrían sido posibles tantas y tantas cosas en ningún ámbito; primeramente mi mamá, Dolores Aguayo, quien ha sido mi soporte durante toda mi existencia; mi tía Margarita Aguayo, que ha estado junto a mí en los momentos más alegres y en los más tristes, dándome consuelo y felicidad, a ella la quiero igual que se quiere a una hermana; Sara Bravo, que simple y sencillamente es la mujer que más me ha amado, desde 1998 está a mi lado y dentro de mí, en 2006 me dio el privilegio de convertirme en su esposo; en todas y cada una de mis actividades ella está presente de una u otra forma; es mi brazo derecho o mejor dicho, mis ojos en las escuelas de Tae Kwon Do. Enrique Bravo, mi cuñado, al que considero y quiero como mi hermano, él me ha dado mucha confianza y calidez para caminar firme hacia mis metas.
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